Ortega : “Somos todos en varia
medida, como el cascabel, criaturas dobles, con una coraza externa que
aprisiona un núcleo íntimo siempre agitado y vivaz. Y es el caso que, como el
cascabel, lo mejor de nosotros está en el son que hace el niño interior al dar
un brinco para libertarse y chocar con las paredes de su prisión”.