jueves, 15 de diciembre de 2011


Película LA CLASE (2008)

La película comienza con la presentación de los profesores ante el nuevo curso y ninguno parece muy motivado. Sus caras son de resignación, escepticismo (el comentario del profesor que se va a jubilar hacia sus compañeros es: “¡mucho ánimo!”). Todos tienen estereotipos sobre sus alumnos adolescentes, y desde esa visión estereotipada, se les representa como personas rebeldes o conflictivas (Amparo Moreno). También se reflejan las expectativas (negativas) que tienen en relación a sus alumnos/as, incluso un profesor define como “malo”, “muy malo” o “muy, muy, muy malo” a un grupo de alumnos/as que señala en una lista que pertenece a uno de los nuevos profesores. Da por supuesto que su mala experiencia con determinados alumnos/as (o la percepción que tiene y/o recuerda sobre lo ocurrido en cursos pasados) se repetirá con el nuevo docente. Además, todos esos prejuicios pueden influir en la forma en que ese nuevo docente se relacionará con sus alumnos/as.
Todos los profesores tienen unas expectativas sobre sus alumnos/as (y como se trata de adolescentes, los docentes esperan que sus mentes operen en el tercer orden de la conciencia), y como describe Kegan en el capítulo dos de Desbordados: “asumimos que su equipamiento mental está listo para satisfacer esa expectativa (…) que posee un orden co-categórico de conciencia, y sobre esa base, no sólo juzgamos que su sentido de la moralidad es incompatible con las responsabilidades que tendría que manejar, sino que llegamos a pensar que son amorales; no sólo sentimos que nos explotan, sino que vemos llenos de intención y manipulación; no sólo pensamos que sus emociones son demasiado simples, sino que son vacíos y superficiales”. Esto se refleja muy bien en la película cuando el profesor de tecnología llega a la sala de profesores diciendo que está “harto de esos payasos, ya no los puedo ni ver, no valen para nada, no saben nada, son de una mala fe, siempre buscando bronca …”.

Los alumnos/as no prestan atención al profesor en las clases, hablan entre ellos, se increpan … . Recuerdo un comentario de un alumno que leí en Cuadernos de Pedagogía sobre la película. Este alumno comentaba que “la diferencia está en los primeros días. La persona que mantenía la disciplina en el aula era la que desde el primer día les había dejado bien claro a los alumnos que no iba a consentir ninguna falta de respeto en el aula y que todo el mundo tendría que trabajar”. Este profesor de lengua establece algunas normas el primer día de clase: quitarse las capuchas al entrar en clase, levantar la mano para hablar, pedir permiso para levantarse. Sin embargo, la indisciplina continúa.
En una de las primeras clases de lengua, el profesor escribe en la pizarra aquellas palabras que los estudiantes no saben qué significan para a continuación pedirles que “adivinen” su significado situando esa palabra en un contexto (una frase). Aunque el profesor intenta que los estudiantes sean activos en su aprendizaje, los alumnos/as no están motivados y en lugar de trabajar en grupo se burlan de sus compañeros de clase por no saber el significado de determinadas palabras, imposibilitando así un aprendizaje cooperativo. Creo que una de las razones por las que el aprendizaje cooperativo no se da en esta clase es por la falta de habilidades sociales entre los estudiantes.
Por otro lado, la motivación es nula. Por ejemplo, los estudiantes no encuentran una razón para aprender el pretérito imperfecto de subjuntivo porque ellos/as no van a utilizar ese tiempo en su vida cotidiana, lo que hace muy difícil al profesor implicarles en el proceso de aprendizaje y fomentar un aprendizaje activo. Como mucho, este profesor conseguirá que algunos alumnos/as aprendan para conseguir el objetivo extrínseco de aprobar la asignatura.
Creo que por un lado el profesor quiere implicar a sus alumnos, intenta que sean reflexivos, pero no consigue derribar el muro entre él y sus alumnos: por un lado el profesor sí que utiliza el pretérito de subjuntivo cuando habla con sus amigos y sus alumnos no consiguen pensar en ninguna circunstancia donde pudiesen utilizar dicho tiempo y solo lo ven como un tiempo sin sentido, completamente descontextualizado de lo que es su realidad (todo lo contrario a un aprendizaje situado). Los alumnos/as insisten en que “es algo que no se dice”, “no sirve para nada”, “la gente normal no habla así”. Finalmente el profesor reconoce que puede ser un registro excesivo, un poco burgués. Parece que el profesor no parece saber qué tipo de situación generar para facilitar la implicación de los alumnos/as (o lo que desde la perspectiva de Csikszentmihalyi se denomina experiencia de flujo). Los alumnos/as bostezan, se frotan los ojos, se recuestan en las mesas … desde luego no parecen estar centrados en las actividades propuestas por el profesor, lo que va a dificultar su proceso de aprendizaje. Tampoco se ve en esta clase que los estudiantes regulen activamente las interacciones y relaciones que ocurren en el aula con sus compañeros y con el profesor. En el segundo capítulo de Desbordados, (Kegan 2003) se presentaba el ejemplo de un profesor que se enfrenta a una situación muy parecida a lo que ocurre en esta clase de lengua: los estudiantes se interrumpen continuamente y tienden a ignorar totalmente o distorsionar lo dicho a favor del argumento personal (Kegan 2003, pg. 64). El profesor no cree que este comportamiento se dé exclusivamente en el aula, así que  utiliza una de sus clases de inglés en las que tienen que comentar un cuento corto para inculcar valores y relaciones sociales. De esta manera, este profesor ve en el “problema” una oportunidad para aprender, para enseñarles una lección de respeto, escucha y aprendizaje con los demás (Kegan 2003, pg.64). Muy similar a las Estrategias dirigidas hacia el desarrollo de capacidades cognitivas complementarias propuestas por Dreyer (1994) para que los entornos escolares de secundaria favorezcan el desarrollo de la identidad.

En relación al respeto, en la película se ve desde el principio que aunque los alumnos/as traten de ‘usted’ al profesor no se refleja un verdadero respeto. Sin embargo, el profesor utiliza expresiones al dirigirse a sus alumnos que no son ni respetuosas ni motivadoras. Por ejemplo, cuando les dice “y os extraña no aprender” (porque pierden hasta quince minutos diarios en empezar la clase); “sois peores que niños de tres años” (porque no hacen lo que les pide). Esta retroalimentación es claramente negativa y ello afecta al desarrollo de sus alumnos/as.
Khumba, una de las alumnas, expresa lo que ella entiende debe ser el respeto de la siguiente manera: “un adolescente aprende poco a poco a respetar a sus profesores por las amenazas de éstos o por miedo a tener problemas”. También añade que el respeto debe ser mutuo, que si ella ha sido irrespetuosa es porque ha sentido que le han faltado al respeto. Su profesor ya no la respeta, a diferencia del curso pasado cuando ella considera que era una niña a la que le gustaba hacer cosas de, como leer niños (A. Moreno se refería de esta manera a la identidad: Una vez pertrechados con un nuevo cuerpo, instrumentos intelectuales y experiencias, as percepciones infantiles de sí mismos se vuelven caducas). Sin embargo para su profesor era una niña aplicada con la que se “llevaba bien en clase”. Así, el profesor no se da cuenta de su evolución ni ve la persona que Khumba es ahora. Kumba ya no es la niña que era el año pasado, pero su entorno escolar no ha cambiado ni ve el cambio que se está produciendo en ella. A. Moreno comentaba así la necesidad de que se produzcan cambios en el entorno educativo, familiar, etc., del adolescente “ … una clave de actuación esencial: los cambios en los adolescentes requieren cambios en las prácticas de su entorno”. Como continua A. Morenos debemos tener presente que ni la toma de decisiones ni las responsabilidades que tienen que ir adquiriendo los adolescentes se aprenden en una asignatura sino en su ejercicio cotidiano. Necesitan respeto, que se les tome en serio, que se escuche su opinión antes de juzgar sus capacidades o incluirles en categorías estereotipadas, al tiempo que no se excluye la obligación de informarles, apoyarles, guiarles y establecer límites. Necesitan claramente las figuras adultas; eso sí, de otra manera: con la premisa de hablar con voz propia y realizar elecciones que les permitan sentirse personas únicas y que ejercen control sobre su propia vida.

Por otra parte, en la tutoría parece que todos los padres/madres consideran los deberes y lo  que se realiza en la escuela como algo muy importante para que sus hijos/as avancen social y económicamente. Todos ellos creen que es muy importante que sus hijos/as vayan a la escuela, quizás porque ellos no tuvieron esa oportunidad. Sin embargo, el distanciamiento entre estas familias y la escuela empezó cuando las materias se volvieron demasiado complejas para que los padres/madres pudiesen ayudar a sus hijos, delimitando así unas funciones específicas para la escuela (la lectoescritura) y otras para la familia (como educación en valores, comportamientos, etc). Asimismo, se produce una separación entre la escuela y la familia porque las actividades que se desarrollan en ésta están diseñadas para cumplir unos objetivos educativos, un curriculum, pero no responde a los intereses de los alumnos/as y esto les desmotiva.
Tampoco vemos que ni los padres/madres ni el tutor propicien el desarrollo de actividades conjuntas que permitan la continuidad entre el hogar y la familia. En la película solo vemos una tutoría con los padres/madres para comentar el progreso de los alumnos/as (el docente se comunica principalmente con los padres/madres a través de los “cuadernos de correspondencia”, que parece utilizar únicamente para informar sobre el mal comportamiento o cuando no hacen los deberes).
El tutor, como profesor de lengua, les pide a los alumnos/as que escriban un autorretrato para conocerles mejor, sin embargo no cuenta con la posibilidad de obtener parte de esa información sobre sus alumnos/as de los propios padres/madres. El intercambio de información entre familia y maestros puede ayudar a comprender determinado comportamiento del alumno/a en la escuela y poder adoptar así la estrategia más adecuada para ayudarle. Asimismo, este intercambio de información entre familia y docentes favorecería el desarrollo de los alumnos/as porque el docente tendría en cuenta hechos relevantes (tanto a nivel personal como educativo) y se podría empezar a establecer así una continuidad entre la escuela y la familia.
En este contacto con los padres el profesor puede tener acceso a fondos de conocimiento que son inseparables de la historia de cada familia. Sin embargo, no parece prestarles mucha atención y mucho menos utilizar dichos fondos para comprender a sus alumnos y ayudarles así en su desarrollo. Solo al final, cuando cree que la expulsión de Suleimán del centro educativo provocará que el padre de éste le envíe de nuevo a Mali, ha tenido en cuenta las normas por las que se rigen en esta familia y sus pautas de crianza (que son parte de sus fondos de conocimiento).

No hay comentarios:

Publicar un comentario