Película
LA CLASE (2008)
La película comienza con la presentación de
los profesores ante el nuevo curso y ninguno parece muy motivado. Sus caras son
de resignación, escepticismo (el comentario del profesor que se va a jubilar
hacia sus compañeros es: “¡mucho ánimo!”). Todos tienen estereotipos sobre sus
alumnos adolescentes, y desde esa visión
estereotipada, se les representa como personas rebeldes o conflictivas
(Amparo Moreno). También se reflejan las expectativas (negativas) que tienen en
relación a sus alumnos/as, incluso un profesor define como “malo”, “muy malo” o
“muy, muy, muy malo” a un grupo de alumnos/as que señala en una lista que
pertenece a uno de los nuevos profesores. Da por supuesto que su mala
experiencia con determinados alumnos/as (o la percepción que tiene y/o recuerda
sobre lo ocurrido en cursos pasados) se repetirá con el nuevo docente. Además,
todos esos prejuicios pueden influir en la forma en que ese nuevo docente se
relacionará con sus alumnos/as.
Todos los profesores tienen unas expectativas
sobre sus alumnos/as (y como se trata de adolescentes, los docentes esperan que
sus mentes operen en el tercer orden de la conciencia), y como describe Kegan
en el capítulo dos de Desbordados: “asumimos
que su equipamiento mental está listo para satisfacer esa expectativa (…) que
posee un orden co-categórico de conciencia, y sobre esa base, no sólo juzgamos
que su sentido de la moralidad es incompatible con las responsabilidades que
tendría que manejar, sino que llegamos a pensar que son amorales; no sólo
sentimos que nos explotan, sino que vemos llenos de intención y manipulación;
no sólo pensamos que sus emociones son demasiado simples, sino que son vacíos y
superficiales”. Esto se refleja muy bien en la película cuando el profesor de
tecnología llega a la sala de profesores diciendo que está “harto de esos
payasos, ya no los puedo ni ver, no valen para nada, no saben nada, son de una
mala fe, siempre buscando bronca …”.
Los alumnos/as no prestan atención al
profesor en las clases, hablan entre ellos, se increpan … . Recuerdo un
comentario de un alumno que leí en Cuadernos de Pedagogía sobre la película.
Este alumno comentaba que “la diferencia está en los primeros días. La persona
que mantenía la disciplina en el aula era la que desde el primer día les había
dejado bien claro a los alumnos que no iba a consentir ninguna falta de respeto
en el aula y que todo el mundo tendría que trabajar”.
Este profesor de lengua establece algunas normas el primer día de clase:
quitarse las capuchas al entrar en clase, levantar la mano para hablar, pedir
permiso para levantarse. Sin embargo, la indisciplina continúa.
En una de las primeras clases de lengua, el
profesor escribe en la pizarra aquellas palabras que los estudiantes no saben
qué significan para a continuación pedirles que “adivinen” su significado
situando esa palabra en un contexto (una frase). Aunque el profesor intenta que
los estudiantes sean activos en su aprendizaje, los alumnos/as no están
motivados y en lugar de trabajar en grupo se burlan de sus compañeros de clase
por no saber el significado de determinadas palabras, imposibilitando así un
aprendizaje cooperativo. Creo que una de las razones por las que el aprendizaje
cooperativo no se da en esta clase es por la falta de habilidades sociales
entre los estudiantes.
Por otro lado, la motivación es nula. Por
ejemplo, los estudiantes no encuentran una razón para aprender el pretérito
imperfecto de subjuntivo porque ellos/as no van a utilizar ese tiempo en su
vida cotidiana, lo que hace muy difícil al profesor implicarles en el proceso
de aprendizaje y fomentar un aprendizaje activo. Como mucho, este profesor
conseguirá que algunos alumnos/as aprendan para conseguir el objetivo
extrínseco de aprobar la asignatura.
Creo que por un lado el profesor quiere implicar
a sus alumnos, intenta que sean reflexivos, pero no consigue derribar el muro
entre él y sus alumnos: por un lado el profesor sí que utiliza el pretérito de
subjuntivo cuando habla con sus amigos y sus alumnos no consiguen pensar en
ninguna circunstancia donde pudiesen utilizar dicho tiempo y solo lo ven como
un tiempo sin sentido, completamente descontextualizado de lo que es su
realidad (todo lo contrario a un aprendizaje situado). Los alumnos/as insisten
en que “es algo que no se dice”, “no sirve para nada”, “la gente normal no
habla así”. Finalmente el profesor reconoce que puede ser un registro excesivo,
un poco burgués. Parece que el profesor no parece saber qué tipo de situación
generar para facilitar la implicación de los alumnos/as (o lo que desde la
perspectiva de Csikszentmihalyi se denomina experiencia
de flujo). Los alumnos/as bostezan, se frotan los ojos, se recuestan en las
mesas … desde luego no parecen estar centrados en las actividades propuestas
por el profesor, lo que va a dificultar su proceso de aprendizaje. Tampoco se
ve en esta clase que los estudiantes regulen activamente las interacciones y
relaciones que ocurren en el aula con sus compañeros y con el profesor. En el
segundo capítulo de Desbordados, (Kegan 2003) se presentaba el ejemplo
de un profesor que se enfrenta a una situación muy parecida a lo que ocurre en
esta clase de lengua: los estudiantes se
interrumpen continuamente y tienden a ignorar totalmente o distorsionar lo
dicho a favor del argumento personal (Kegan 2003, pg. 64). El profesor no
cree que este comportamiento se dé exclusivamente en el aula, así que utiliza una de sus clases de inglés en las que
tienen que comentar un cuento corto para inculcar valores y relaciones
sociales. De esta manera, este profesor ve en el “problema” una oportunidad para aprender, para
enseñarles una lección de respeto, escucha y aprendizaje con los demás (Kegan
2003, pg.64). Muy similar a las Estrategias dirigidas hacia el
desarrollo de capacidades cognitivas complementarias propuestas por Dreyer (1994) para que
los entornos escolares de secundaria favorezcan el desarrollo de la identidad.
En relación al respeto, en la película se ve
desde el principio que aunque los alumnos/as traten de ‘usted’ al profesor no
se refleja un verdadero respeto. Sin embargo, el profesor utiliza expresiones
al dirigirse a sus alumnos que no son ni respetuosas ni motivadoras. Por
ejemplo, cuando les dice “y os extraña no aprender” (porque pierden hasta
quince minutos diarios en empezar la clase); “sois peores que niños de tres
años” (porque no hacen lo que les pide). Esta retroalimentación es claramente
negativa y ello afecta al desarrollo de sus alumnos/as.
Khumba, una de las alumnas, expresa lo que
ella entiende debe ser el respeto de la siguiente manera: “un adolescente
aprende poco a poco a respetar a sus profesores por las amenazas de éstos o por
miedo a tener problemas”. También añade que el respeto debe ser mutuo, que si
ella ha sido irrespetuosa es porque ha sentido que le han faltado al respeto. Su
profesor ya no la respeta, a diferencia del curso pasado cuando ella considera
que era una niña a la que le gustaba hacer cosas de, como leer niños (A. Moreno
se refería de esta manera a la identidad: Una
vez pertrechados con un nuevo cuerpo, instrumentos intelectuales y
experiencias, as percepciones infantiles de sí mismos se vuelven caducas).
Sin embargo para su profesor era una niña aplicada con la que se “llevaba bien
en clase”. Así, el profesor no se da cuenta de su evolución ni ve la persona
que Khumba es ahora. Kumba ya no es la niña que era el año pasado, pero su
entorno escolar no ha cambiado ni ve el cambio que se está produciendo en ella.
A. Moreno comentaba así la necesidad de que se produzcan cambios en el entorno
educativo, familiar, etc., del adolescente “
… una clave de actuación esencial: los cambios en los adolescentes requieren
cambios en las prácticas de su entorno”. Como continua A. Morenos debemos
tener presente que ni la toma de
decisiones ni las responsabilidades que tienen que ir adquiriendo los
adolescentes se aprenden en una asignatura sino en su ejercicio cotidiano.
Necesitan respeto, que se les tome en serio, que se escuche su opinión antes de
juzgar sus capacidades o incluirles en categorías estereotipadas, al tiempo que
no se excluye la obligación de informarles, apoyarles, guiarles y establecer
límites. Necesitan claramente las figuras adultas; eso sí, de otra manera: con
la premisa de hablar con voz propia y realizar elecciones que les permitan
sentirse personas únicas y que ejercen control sobre su propia vida.
Por otra parte, en la tutoría parece que
todos los padres/madres consideran los deberes y lo que se realiza en la escuela como algo muy
importante para que sus hijos/as avancen social y económicamente. Todos ellos
creen que es muy importante que sus hijos/as vayan a la escuela, quizás porque
ellos no tuvieron esa oportunidad. Sin embargo, el distanciamiento entre estas
familias y la escuela empezó cuando las materias se volvieron demasiado
complejas para que los padres/madres pudiesen ayudar a sus hijos, delimitando
así unas funciones específicas para la escuela (la lectoescritura) y otras para
la familia (como educación en valores, comportamientos, etc). Asimismo, se
produce una separación entre la escuela y la familia porque las actividades que
se desarrollan en ésta están diseñadas para cumplir unos objetivos educativos,
un curriculum, pero no responde a los intereses de los alumnos/as y esto les
desmotiva.
Tampoco vemos que ni los
padres/madres ni el tutor propicien el desarrollo de actividades conjuntas que
permitan la continuidad entre el hogar y la familia. En la película solo vemos
una tutoría con los padres/madres para comentar el progreso de los alumnos/as (el docente se comunica
principalmente con los padres/madres a través de los “cuadernos de
correspondencia”, que parece utilizar únicamente para informar sobre el mal
comportamiento o cuando no hacen los deberes).
El tutor, como profesor de
lengua, les pide a los alumnos/as que escriban un autorretrato para conocerles
mejor, sin embargo no cuenta con la posibilidad de obtener parte de esa
información sobre sus alumnos/as de los propios padres/madres. El intercambio
de información entre familia y maestros puede ayudar a comprender determinado
comportamiento del alumno/a en la escuela y poder adoptar así la estrategia más
adecuada para ayudarle. Asimismo, este intercambio de información entre familia
y docentes favorecería el desarrollo de los alumnos/as porque el docente
tendría en cuenta hechos relevantes (tanto a nivel personal como educativo) y
se podría empezar a establecer así una continuidad entre la escuela y la
familia.
En este contacto con los padres el profesor
puede tener acceso a fondos de conocimiento que son inseparables de la historia
de cada familia. Sin embargo, no parece prestarles mucha atención y mucho menos
utilizar dichos fondos para comprender a sus alumnos y ayudarles así en su
desarrollo. Solo al final, cuando cree que la expulsión de Suleimán del centro
educativo provocará que el padre de éste le envíe de nuevo a Mali, ha tenido en
cuenta las normas por las que se rigen en esta familia y sus pautas de crianza
(que son parte de sus fondos de conocimiento).
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